El mes pasado leí un artículo del New York Times donde decía que durante reuniones complicadas en la Casa Blanca, cuando parecía que no había una buena decisión, Rahm Emanuel -actual alcalde de Chicago y antiguo Jefe de Gabinete de Barack Obama-, veía al presidente estadounidense y decía “blancas”. Obama le respondía “medianas”. Fantaseaban con poder mudarse a Hawái para abrir una tienda de camisetas que solo vendiera una talla (mediana) y un solo color (blanco); de esa manera no tendrían que tomar decisiones nunca más.

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Y es que, no es para menos, como líder de un equipo, no se diga de una nación entera, tomar decisiones es el pan de cada día. En el ámbito de las empresas, pueden ser decisiones tan triviales que van desde dar el visto bueno al menú de la posada navideña hasta renunciar a tu sueldo para mantener el proyecto a flote más tiempo, o fusionar dos unidades de negocios. El punto es que no importa cuál sea la situación en la que te encuentras, tus decisiones determinan la salud de tu negocio, el compromiso de tus colaboradores, y en general, el destino de muchas personas.

1. Define tu propósito y conoce todas las opciones para llegar a él.

El paso número uno cuando te enfrentas a una decisión difícil, es definir específicamente cuáles son tus objetivos y los resultados que quieres obtener por orden de importancia; a dónde quieres llegar y cómo esa decisión en particular te ayudará a lograrlo. Por ejemplo, si quieres iniciar un proyecto con un presupuesto modesto, tu propósito podría ser el plan de negocios que represente menos inversión.

Toma en cuenta absolutamente todas las alternativas existentes, incluso las opciones con las que no estés de acuerdo per se o no quieras. Éste será tu punto de partida y te otorgará un amplio espectro de nuevas posibilidades que probablemente ignorabas.

2. Examina tus pensamientos.

Cuando te enfrentas a un problema, es común abordarlo únicamente desde tu punto de vista y dejar fuera a los stakeholders (clientes, consumidores y colegas). Sin embargo, sopesar la situación desde una perspectiva tan subjetiva puede provocar pensamientos distorsionados de la realidad (autoengaño) y eventualmente el fracaso de la empresa en su totalidad.
Te recomiendo ser muy claro y crítico contigo mismo. Articula tus pensamientos y pregúntate qué piensas de esa situación en particular y el origen de esos pensamientos. Después, detecta tus prejuicios y preferencias, así evitarás un posible auto sabotaje durante la toma de decisiones.

3. Considera las consecuencias y posibilidades de cada opción.

Mejora tu proceso de decisión anticipando y escribiendo todas las posibles consecuencias de tus opciones. Recomendamos tener mínimo cuatro opciones antes de tomar una decisión. Para lograrlo, es vital que abordes el problema desde varios puntos de vista. Visualízate como cada involucrado y considera cómo se sentirían y responderían a cada opción. Mientras más ideas tengas, menos serán las consecuencias negativas.

Básicamente debes quedarte con las opciones que más beneficios te den y menos desventajas ocasionen con base a nuestra meta (punto número 1).

Si estos tres pasos no te convencieron, siempre existe la posibilidad de lanzar una moneda. Se trata de un método sencillo de tomar decisiones: la opción A es cara, la opción B es cruz. Tiramos la moneda y cuando vemos la opción que salió es cuando sabemos si esa opción es la que nos gusta y convence -o la que no-. Así si sale cara (opción A), por ejemplo, y no tenemos la tentación de volver a tirar la moneda para que salga cruz (opción B), confirmamos que es la que realmente queríamos. Pero, ¿de verdad estás dispuesto a dejar a la suerte el futuro de tu empresa, o lo que es peor, el futuro de las personas que la integran?

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Fuentes: